Advertencia
Este texto nos ha sido solicitado por los miembros más recientes de la Militia. Su intención es dar un testimonio de cómo nos «responde» el Señor a través de los eventos que configuran nuestra vida. Acontecimientos que se muestran elocuentes y que en términos mundanos nos parecerían sorprendentes, como si el guionista de nuestras vidas abusase de extrañas coincidencias y forzase en demasía el uso de recurrencias, simultaneidades y superposiciones de significados. En una obra de ficción un lector podría decir que la sucesión de acontecimientos no resulta creíble. Pues bien, así escribe el Señor en nuestras vidas y tenemos una evidencia de la intervención del Providente. Renunciamos al relato y al adorno. Para ser más objetivos, damos testimonio de los eventos que se sucedieron hasta la consagración de la Militia Tabernaculi. Se dieron más sucesos que los aquí reseñados, algunos de carácter más personal, pero con este resumen creemos que contamos lo principal. Es por lo tanto una cronología, y las conclusiones se las dejamos al lector.
La Militia Tabernaculi es un grupo de hermanos católicos, que no tiene a fecha de hoy estatus legal y que por el momento no pretende constituirse en ningún movimiento o agrupación diocesana. Nació desde la amistad de siete amigos, de manera no intencionada o si se prefiere «casual». Como dato previo, hay que advertir que los siete tenían en común su condición de conversos, procedentes de lugares vitales y espirituales muy diversos, que entre ellos trazan un puente entre Portugal y España, y que dieron su primer sí en una finca en el norte de Extremadura.
En enero del 2018 en la finca propiedad de uno de los matrimonios que iniciaron este compromiso, en concreto el día del Nombre de Jesús, la casa y sus moradores se consagraron al Sagrado Corazón de Jesús, ceremonia oficiada por un sacerdote amigo y con la asistencia de las hermanas del Centro de Espiritualidad Viña de la Cruz de Extremadura.
En esos días en Portugal, a otro amigo de los fundadores de la Militia, en el final de una Santa Misa, se le ofreció, junto al resto de asistentes, que sacase una papeleta de una bolsa con numerosos nombres de santos. La propuesta, entre el juego y la tarea espiritual, consistía en que cada participante extraería el santo que tendría que descubrir en ese año. Al amigo le tocó la Beata Alexandrina. Este juego no quedó en el olvido, como una ocurrencia pasajera. Movido por una intuición fuerte empezó a acercarse más a la vida y la espiritualidad de esa «víctima de Dios», que nació en Balazar, en 1904, donde murió en el año 1955. En ese momento no conocíamos la íntima relación que une la devoción al Sagrado Corazón de Jesús con la reparación, ni que la propia Beata Alexandrina se había consagrado a velar los sagrarios, y especialmente a los más abandonados.
El 16 de febrero de 2018, un viernes, los siete amigos se juntaron en la finca para tener un pequeño retiro de fin de semana. El primero en llegar, procedente de Portugal, trajo un librito de regalo: Visitas al Santísimo, de san Alfonso M. de Ligorio. Después llegó otro matrimonio de Segovia, con sus tres hijos y con otro regalo, el mismo libro en la misma edición. Finalmente, llegó con sus tres hijos un matrimonio vecino.
Las conversaciones giraron en torno a la perturbación que nos producía una serie de profanaciones eucarísticas que en esos días estaban sucediendo. Una en particular, presentada como una «instalación artística» realizada con hostias consagradas que habían sido sustraídas por el autodenominado artista, nos resultó especialmente odiosa, y ello por la vinculación común que todos tenemos con las artes: la escritura, el teatro, las artes plásticas, la poesía y el audiovisual han sido tareas y oficios que nos ocupan.
El sábado, antes del rezo compartido en el oratorio de la finca, dos de los amigos hablaron de la necesidad que tenían de hacer algo. Esta conversación estuvo inspirada por la perplejidad de haber recibido el mismo libro regalado, desde España y Portugal, como si el Señor pidiera una reparación eucarística. Después de las oraciones, juntos en el oratorio los siete amigos con los seis hijos, esas dos personas compartieron su inquietud y la conversación que habían mantenido. En ese momento y de una manera natural y sin saber ninguno donde nos metíamos, se sucedieron los primeros compromisos que darían forma a la Militia. Al tomar conciencia uno de los hermanos de que éramos siete, propuso elegir cada uno un día a la semana en el que tener una hora de reparación, como una tropa que se reparte turnos de guardia. La idea fue que cada día de la semana uno velase por todos, y entre todos mantener la reparación encendida todo el año. Así se decidió y, como era sábado y una de las hermanas había elegido ese día de la semana, se quedó sola en el oratorio para hacer la primera guardia. Este gesto de compromiso firme nos conmovió a todos y nos dio la señal de que lo que había pasado iba en serio. Las oraciones que se propusieron para encabezar la vigilia serían las de la propia beata Alexandrina.
Al día siguiente, uno de los amigos descubrió que el día anterior se había celebrado la conmemoración de los Siete Servitas, siete laicos amigos que, el 15 de agosto de 1233, en Florencia, se comprometieron ante Dios a formar una cofradía dedicada a la Virgen María y a vivir conforme al Evangelio. Un caso singular en la historia de la Iglesia, dado que son el único ejemplo de orden religiosa formada por siete personas seglares, y no por uno o dos fundadores. Naturalmente, en aquel momento no fuimos conscientes de esta coincidencia.
Después de ese día, se empezó a formar y a definir la Militia Tabernaculi, sin saber a dónde íbamos y qué podría significar todo aquello en nuestras vidas. Compartiendo correos, en los días sucesivos se fueron conformando los cimientos. Uno propuso la frase El celo de tú casa me devora, que todos aceptamos como divisa con naturalidad, como si fuese obvia su adopción. El nombre del grupo nos vino dado, dada la convicción de que un cristiano se forma en el combate, y en estos tiempos se precisa de las virtudes de virilidad y fortaleza. La adopción de la Mater Dolorosa, propuesta por otro de los hermanos, fue otra elección curiosa, dado que ninguno sabía que justamente esa advocación la inauguraron e hicieron suya los Servitas.
Desde entonces se nos han unido otros milicianos de Portugal y España, tanto religiosos como seglares. Es importante señalar que en Portugal tenemos el apoyo espiritual de unos monjes, y en España ocurre lo mismo con una asociación de sacerdotes. El 14 de julio de ese mismo año, en Fátima, la Militia Tabernaculi fue consagrada oficialmente.